THE STATE OF MEN

La recompensa es trabajar en lo que te gusta

Probablemente, lo conocerán por ser uno de los jurados del programa revelación de TVE, Masterchef. Pero lo cierto es que Pepe Rodríguez (cocinero propietario de “El Bohío”, que cuenta con una Estrella Michelín) es mucho más que un personaje televisivo. Hablamos con él sobre sus inicios “obligados” en la cocina, su amor por los zapatos y por qué hay que saber tratar a todo el mundo.

 

Pregunta Tom Black: ¿Quién es Pepe Rodríguez?

Respuesta Pepe Rodríguez: Muy sencillo, una persona de un pueblo de Toledo, que trabaja en un restaurante y que lleva toda su vida dedicado a cocinar. Padre de familia, con tres hijos y moderadamente feliz.

TB: ¿Qué es “El Bohío?

PR: “El Bohío” es donde me he criado, donde he nacido, donde he crecido, donde trabajo, donde sufro… y un bohío, para quien no lo sepa, es una cabaña cubana donde vive el guajiro. Mi abuelo emigró a Cuba, mi madre nació en la Habana y de ahí viene el nombre.

TB: ¿Cuál era tu sueño a los 18 años?

PR: Estar en una cocina no lo era seguro, y ser cocinero, tampoco. Me metí por obligación y, sin embargo, me ha dado tanto… con 18 años seguro que quería ser cantante de rock, futbolista, jugador de baloncesto o cualquier cosa menos lo que estoy haciendo ahora.

TB: ¿Te acuerdas de cuál era tu plato favorito de pequeño?

PR: Siempre he comido de todo y no tengo plato preferido: como de todo, me gusta de todo… Tampoco tengo problemas con casi nada. Además, cada sitio y cada momento es totalmente diferente para comer y probar de todo.

TB: Si no eras lo que estabas buscando, ¿cómo empiezas a ser cocinero?

PR: Por obligación. Yo me había criado toda la vida en un restaurante, había visto a mi abuela cocinar, a mi madre cocinar, pero jamás pensé que podría acabar en una cocina. Mi hermano y yo dejamos de estudiar, aunque no éramos los mejores estudiantes de la zona, y, como ayudábamos siempre en el restaurante, empezamos a trabajar de camareros. Luego, cuando mi madre cayó enferma, contratamos cocineros pero no llegó a funcionar y me metí yo para salvar el negocio sin saber exactamente qué había detrás.

TB: ¿Qué es exactamente la cocina?

PR: La cocina son muchas cosas. Para mí, es un trabajo, es de lo que vivo. Además, no es lo mismo cocinar en un ámbito profesional que en un ámbito doméstico. Puede ser un momento de distracción, de jolgorio, de alegría, pero yo, en la cocina, sufro y, en un restaurante, como en cualquier otro negocio, hay altibajos y no se disfruta tanto de la cocina. Yo ya no disfruto cocinando. Pero lo que tengo que tener es una mentalidad muy parcial para que cada uno esté en su sitio y logremos reproducir cosas que ya tenemos muy ensayadas.

Disfruto cuando cocino tranquilamente para mis hijos, para un cliente solo… Pero cuando tengo que cocinar por obligación no disfruto tanto porque hay mucha presión.

TB: ¿Qué es la experiencia para ti?

PR: La vida. Desde que nacemos, estamos viviendo experiencias: cuando montas en bicicleta, cuando te caes, cuando te metes al agua, cuando te echas la primera novia…Todo es una experiencia. Entonces, es una pena la gente que no vive experiencias, de cualquier tipo, de la más sencilla; no hace falta dar la vuelta al mundo siete veces. Ir a un restaurante y que te expliquen cómo usar los cubiertos, los platos… Venir a hacerte un traje es una experiencia si no lo has hecho nunca. Yo creo que todo el mundo debería pasar por el mayor número de experiencias posibles porque como, seres humanos, es lo que nos vamos a llevar.

TB: ¿Qué es lo más importante para ti a la hora de hacer un plato para una persona?

PR: Para empezar, la diferencia entre vosotros y yo, es que yo hago un “traje” a mi medida, y ese traje si te gusta bien y, si no, no te conviene. Sin embargo, vosotros hacéis un traje a la medida mía. Podéis personalizar más mientras que yo me personalizo. Lo que yo quiero cocinar, lo que quiero demostrar, es lo que te voy a dar a ti. Vosotros es al contrario: tenéis que hacer un plato en base a esos gustos. Yo no puedo hacer eso porque si no me volvería loco: tendría que tomar una nota a cada comensal de lo que le gusta y es imposible.

TB: ¿Y cómo creas entonces un plato?

PR: Pues en base a lo que a mi me gustaría comer, cómo me gustaría servirlo, lo que busco, la experiencia que hay en ese plato, lo que quiero transmitir.

A veces, viene de pequeñas experiencias: mis versiones del cocido vienen del recuerdo de cuando mi madre me daba una pica de cocido y me lo iba comiendo con pan al colegio. Algunos platos, como ese, me llegan por tradición pero hay otros para los que me inspiro en algún sitio nuevo que he ido, algo nuevo que he probado…Eso es estar todo el día pensando en comida. A mí, lo que me hace disfrutar no es cocinar, cada vez cocino menos, sino pensar qué voy a hacer la próxima vez.

TB: ¿Cómo harías un plato para una mujer a la que quieres sorprender?

PR: Es que soy muy radical, no soy capaz de pensar en cómo seducir a nadie. Es mi propósito, es decir, no hago algo para ella en concreto, me cuesta, porque debería conocerla… Si tuviese el tiempo que tenéis vosotros, sería otra cosa pero es que debo ser radical porque este oficio es así. Si no, sería una locura.

TB: Si tuvieses que decidir una prenda para llevar a una cena, ¿cuál sería?

PR: Depende. ¿Dónde vamos a cenar? ¿En casa? ¿Fuera? ¿Vamos a ir a un buen restaurante?  Si voy a cocinar yo, la prenda debe ser muy cómoda. Creo que cada momento tiene una manera de vestir y que a los restaurantes hay que ir cómodos. Me gusta que la gente venga bien vestida, me parece un punto: no exijo chaqueta y corbata pero tampoco me gusta que vengan en pantalón corto. Cómodo tienes que estar en cualquier sitio: andando, trabajando y más en un momento de ocio como es comer o cenar.

TB: ¿Tienes alguna prenda favorita?

PR: Soy muy elemental a la hora de vestir. Lo único que me gusta comprar o disfruto llevando son los zapatos. Compraría zapatos todos los días, me encanta.

TB: ¿Qué consejo le darías a un joven que está buscando su sueño y está empezando a emprender?

PR: Que busque la felicidad…es que no hay otra cosa. No puedes meterte en un trabajo buscando el éxito; eso, si tiene que venir, vendrá. Y hay cosas personales, premios que no están al uso, que son especiales; por ejemplo, que Rafael García Santos me mencionase en su guía gastronómica ha sido lo más grande que me ha pasado en la vida. Y no necesito más recompensa. La recompensa es trabajar en lo que te gusta, echarle las horas a eso que te gusta en eso que disfrutas tanto. Es una manera de vivir.

Y si no viene, no pasa nada. Disfrutad. El reconocimiento vendrá o no vendrá…¿qué más da? No estamos aquí para que nos reconozcan. Si no, estamos perdidos y vamos a vivir en un estrés constante. Además, el cliente es el que lo tiene que premiar. También, los cocineros actuales hemos nacido en una época ideal y no considero que tenga más mérito que otro

TB: ¿Qué es para ti TomBlack?

PR: Es el primer sitio donde me han abierto la mente con respecto a vestir con traje. Tan sencillo como eso. Una experiencia diferente, con personalidad. El trato, la forma, el rollo que lleváis, que seáis gente joven…me parece súper divertido. Sois profesionales y hacéis pensar a cualquiera y eso es la inteligencia. Y saber vestir al Lord más importante que se habrá hecho mil quinientos trajes y vestir a un tío de pueblo que no sabe de esto, pero lo tienes que apañar porque hay que saber servir a todo Dios. La alta cocina está jorobada porque ha habido muchos cocineros que se ponen gafas de pasta rosa y te miran por encima del hombro. Pero se están equivocando: hay que dar de comer a todo el mundo. A mí cuando más me gusta mi restaurante es cuando está lleno: eso es lo mejor.

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