THE STATE OF MEN

La ambición pirata, la libertad del Rock y el amor por la pelota del fútbol

 

Tom Black: ¿Quién es Esteban Granero?

Esteban: El hermano pequeño de Pedro Granero.

TB: Pirata, rockero, futbolista ¿qué te define mejor?

Esteban: Intento encontrar lo que más me gusta de cada uno para que me represente. La ambición pirata, la libertad del Rock y el amor por la pelota del fútbol. Normalmente me pierdo en el camino. Trasmito más seguridad de la que poseo, pero a persistencia no me gana nadie.

TB: “Luces, vértigos, pequeña agonía, no dejes de soñar” ¿Qué soñabas con ser de mayor cuando tenías 10-12 años?

Esteban: En el Bernabéu, cuando veía al equipo posar para la foto antes del partido, soñaba con ser uno de ellos. En realidad solamente lo imaginaba. Mis sueños se centraban en asuntos que realmente podía conseguir como que las chicas de clase me devolvieran la mirada y cosas así. También soñaba con escribir un libro.

TB: Es de sobra conocido tu buen gusto para la música ¿Beatles, Rolling Stones o Mumford and Sons?.

Esteban: Pues los Stones, pero sólo me has dado a elegir entre tres. En casa la banda sonora innegociable era Bruce Springsteen y es ÉL quien marcó mi juventud. Ahora escucho casi de todo. Mi artista favorito es Leiva, aunque Bruce, los Stones, Dylan, Cohen, etc, casi llegan a su nivel.

TB: Sabemos que te gusta también mucho Quique González ¿Qué opinas de su último trabajo “Delanteramítica”?

Esteban: Es una pasada. Quique tiene demasiado talento. Estar en contacto con alguien a quien admiras es muy inspirador. Me gusta pasar tiempo con él porque me cambia el punto de equilibrio.

TB: “Fuimos una delantera mítica, y lo entiendo pase lo que pase” ¿con quién te habría gustado compartir delantera?

Esteban: Con Raúl. Es el futbolista más competitivo que he conocido. También es el futbolista de quien más he aprendido junto a Xabi Alonso. Compartir equipo con cualquiera de ellos en un entrenamiento era sinónimo de victoria pero me quedo con Raúl porque estamos hablando de compartir delantera y Xabi y yo en punta tendríamos problemas.

TB: Paseando por la playa de la Concha ¿Qué libro elegirías para desconectar?

Esteban: Creo que “Suave es la noche” de F.S. Fitzgerald es sin duda el mejor libro para leer en ese escenario.

TB: Si te digo jaque mate ¿qué me dices?

Esteban: Te diría de jugar otra y esta vez te ganaría. Soy extremadamente competitivo y el ajedrez es el escenario ideal para la gente así. No hay descuento en las victorias ni excusas en las derrotas. Las personas somos celosas de nuestra mente y el ajedrez se puede considerar como una lucha de inteligencias. Por eso perder frente al tablero puede ser más doloroso que sobre un ring.

TB: ¿Qué les dirías a esos jóvenes que como tú, en su momento, persiguen un sueño?

Esteban: Que no lo hagan buscando una línea de meta, una recompensa final, porque no la hay. Les diría que solo persiguieran su sueño si son capaces de encontrar la felicidad en el mero hecho de perseguirlo. Todo lo demás es una perdida de tiempo, te lleve a donde te lleve.

TB: ¿Con que prenda estás más cómodo?

Esteban: Me gustan los vaqueros ajustados. Elegir bien la ropa es complicado para mí. Siempre intento que lo que me pongo no diga nada de mí que no sea verdad. Desconfío de alguien si creo que intenta colármela con su look. Además no hay nada más descarado que alguien que se disfraza.

TB: ¿Qué prenda utilizarías para asistir a una entrega de premios?

Esteban: Cuando te dan un premio normalmente puedes decir unas palabras. Intentaría ser elegante, pero no llevaría nada que pudiera distraer a la gente. Querría que los asistentes escucharan sin interferencias lo que tengo que decir.

TB: ¿Cuál es la experiencia más intensa que has vivido?

Esteban: La primera vez que jugué en el Bernabéu con el Real Madrid. Cuando llevaba dos minutos en el campo chuté desde 40 metros y el balón rebotó en el larguero. Se escuchó un “oooohhhh” de 80.000 personas al unísono. Durante los siguientes minutos apenas me pude mover. Tenía la vista borrosa y el corazón parecía que quería salirse del pecho.

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